Desde su altura: Un aula Montessori

Soy una privilegiada. Lo sé. ¿A cuántos padres les gustaría asomarse en la clase de sus hijos? ¿Ver qué hacen, cómo se desenvuelven, qué es lo que más les gusta y de qué forma se relacionan con los otros niños y las profesoras? Ahora bien, sin ser vistos, desde el anonimato de un disfraz o una mirilla. Eso hice yo. Con mi disfraz de fotógrafa y la mirilla de mi cámara. Una pena que mi hija ya no estuviera en ese aula. ¡De ahí que nadie me reconociera! 😉

Hace unas semanas me colé en la escuela de Sara. La del año pasado. Esa en la que Sara se hizo mayor: Sol Solet. El aula de mayores, de 2 a 3 años, la han convertido en un ambiente Montessori. ¡Y aluciné! Con su filosofía, su funcionamiento y la manera en que los niños trabajaban. ¡Qué pena haber llegado un año tarde!

He oído hablar del sistema Montessori, por supuesto. Y más o menos sabía de qué iba. De oídas. Pero verlo a pleno rendimiento es verdaderamente impresionante.

El ambiente se divide por zonas, lo que los profesionales llaman “áreas“: Vida práctica, óculo manual, área de cocina, área de arte, de lenguaje, lectura y música. En cada área hay un código de color y son accesibles al uso del niño. A la voz de “¡al ambiente Montessori!“, los pequeños acuden cada uno allí donde más les gusta. Cada espacio ha sido preparado por la guía Montessori y las educadoras previamente les han tenido que presentar el paso a paso de la actividad al niño.

El ambiente preparado es fundamental en esta filosofía porque fomenta la libertad y la autodisciplina del pequeño. Pudiendo desarrollar su creatividad en un ambiente abierto, ordenado y estético. Un ambiente que es simple pero en el que cada elemento tiene su razón de ser. Con materiales reales y a la medida de los niños. Invitándoles a su participación y estimulando su capacidad de aprendizaje de manera autónoma.

Es impresionante de qué manera tan natural cada niño acude a su espacio favorito. Hubo pequeños que se pasaron todo el tiempo en el mismo área. ¡Ay! Esos pequeños grandes artistas! ¡O la “lavandera”! Madre mía! Esa niña es un tesoro!! ¡Lo que les gustaba danzar con los cubos llenos de agua! ¡Disfrutaban como enanos! Nunca mejor dicho… jeje.

Lo que más me impresionó fue la destreza con la que se desenvolvían en actividades que yo en casa no se me hubiera ocurrido dejar a mi hija hacer. Como la limpieza de cristales, fregar la vajilla  o limpiarse los zapatos. Vale…. Soy una malcriadora, eso también es cierto, por eso a mí este sistema Montessori me hubiera venido taaan bien!! 😉

Cuando terminaban la actividad lo dejaban todo limpio y recogido. Las escobas, los trapos y los mochos son utensilios imprescindibles que todos saben utilizar.

Los materiales con los que se trabajan en esta escuela son muy sencillos y accesibles. Es la esencia más básica del método Montessori pero también la más práctica. Ya que permite seguir con la metodología en casa. Unos botones, unos cordones o unas cuentas de madera pueden convertirse en un entretenimiento inteligente. La mejor manera de aprender ya que son elementos familiares del día a día.

Más allá de las áreas delimitadas también hay actividades comunes como meditaciónyoga, la actividad del silencio y rinconcitos donde relajarse como la mesa de la calma o el rincón de lectura. Os digo yo que ya me gustaría haber tenido este aula con Sara en el cole el curso pasado,… no, mejor, me hubiera encantado disfrutar yo misma de ella! Teletransportación a ese sillón! ¿No me diréis que no os transmite paz?

Cuando hablan del método Montessori te viene a la cabeza autonomía, educación en libertad, adecuarse a las necesidades del niño,… Bueno, por lo menos a mí, que no soy una experta. Pero ya os digo que es mucho más. Lo que vi en un breve rato en ese aula es, más allá del aprendizaje, plenitud. Vi niños haciendo lo que querían hacer, de una manera ordenada, sin estridencias. Disfrutando.

Si tenéis la oportunidad de elegir un colegio Montessori, de corazón, no lo dudéis. De verdad, que merece la pena.

 

8 thoughts on “Desde su altura: Un aula Montessori

    1. @ohevalo Post author

      Gracias a vosotros! Pedazo de profesionales! Un placer seguir entrando en esas aulas aunque sea con disfraz. 😉

  1. Aro

    El reportaje es un primor, nos trasmites lo que ves y sientes. Esos peques tan entregados ,relajados, felices. Y el ambiente queda maravillosamente reflejado, vamos que ya me gustaría ser otra vez peque y disfrutar aprendiendo con pasión.

  2. Ariana

    Me gusta todos y cada unos de los detalles que nos enseñas. Soy muy fan de la pedagogía Montessori y siempre que puedo, a otra escala la aplico en mi clase de primaria. ¡Seguro que los papis estarán encantados con estas preciosas fotos!

    1. @ohevalo Post author

      Pues si conoces esta pedagogía seguro que habrás visto más cosas en las imágenes… Yo no soy pedagoga, solo madre, y, desde luego me impactó de qué manera se relacionaban los niños entre ellos y con las actividades… Me alegra que te hayan gustado las fotos Ariana!

  3. Xènia Roca

    Qué chulada de fotos y de centro Eva. Si que debemos pensar todos cómo estamos educando a los adultos del futuro y hacer un esfuerzo para llegar a un consenso dejando al margen colores y creencias.
    Me ha hecho gracia lo de limpiar los cristales por que Pol desde pequeño le encanta limpiar y fregar, pero especialmente limpiar los cristales y yo, claro, le dejo, ja,ja

    Un Beso y felicidades por este post tan chulo

  4. Kath

    Que bonito artículo Eva! Yo no estoy para nada familiarizada con este tipo de educación, pero seguro llegando el momento averiguaré todo lo posible ya que solo con lo que cuentas y esas fotos me dejó maravillada. Ya quisiera yo también haber tenido una educación así de libre, me veía en la parte de cocina o pintura todo el día, jaja!
    Felicitaciones por el artículo y las fotos, preciosisimas!

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