¿Se puede educar en el asombro?

Hace unas semanas leí “Educar en el asombro” de Catherine L’Ecuyer. Y me ha dejado algo “tocada”. No por el libro y su teoría sino por mi incapacidad de poder llevar a cabo sus consejos. No voy a profundizar en este libro ni en su contenido. Hace ya cinco años que se publicó y va por su 17ª edición, así que creo que no es una novedad para muchos de vosotros. Pero sí quiero hablar de lo que ha producido en mí. Y quiero dejar aquí mi particular reflexión.

es posible

El tronco fundamental de la teoría de L’Ecuyer es tratar el asombro como motor de la educación de un niño. ¿Y qué le asombra a un niño? Todo. Como apunta en su libro, parafraseando a Chesterton, ” a un niño de siete años puede emocionarle que Perico, al abrir la puerta, se encuentre con un dragón; pero a un niño de tres años le emociona ya bastante que Perico abra la puerta”. Sara tiene tres años y medio y piiiico y a Sara le emociona la saga de Star Wars. En esta casa hemos pasado del dragón a la Guerra de las Galaxias. Y ya no sé cuándo se le abrió la puerta y ella se emocionó por ello.

La verdad es que leyendo a Catherine te das cuenta que la sobreestimulación es un error en niños tan pequeños. Queremos hacer tantas cosas con ellos y ellos responden tan bien que nos cegamos ante su naturaleza más básica: Crecer. Pero deben crecer cómo y cuándo toca. Adelantar etapas, como dice su autora, es hacer futuras personas apáticas y aburridas. Porque pierden antes su capacidad de asombrarse.

Catherine se escandaliza porque una niña de seis años dice que se aburre. Pues bien, mi hija, con la televisión en marcha, el iPad en la mano y una casa repleta de juguetes, también me ha llegado a decir “me aburro”. Y yo no me he escandalizado. Me he preocupado. Y mucho. Algo no estamos haciendo bien. Y con la teoría de L’Ecuyer en la mano, me propuse echar el freno de mano. ¿Por dónde empezar? La rueda ya está girando.

Un dato que me pareció tremendo y que apunta la autora en su libro es que los seis años es la edad en la que el niño tiene la madurez intelectual necesaria para poder aprender a leer y escribir. ¡Y en España se está enseñando a leer y escribir con tres años! ¡Y así nos va! Somos el tercer país del mundo en el que se prescriben más recetas de psicofármacos para menores. Finlandia, país en el que a los niños se les enseña a escribir y a leer con seis años está a la cabeza del último informe PISA (Informe del Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes) mientras España está en la cola.

educar en el asombro

Ufff! Con estos datos y estas teorías, decidí dejar de estimular a Sara en la medida de mis posibilidades. Menos tele, menos iPad, juegos manipulativos sin pilas (eso ya lo hacía, la verdad) y no pretender que sea una niña precoz capaz de leer y escribir con cuatro años. Pero claro, yo hago lo que puedo y mi entorno y su entorno hace lo que hace. Efectivamente en el cole le están enseñando a escribir. Y yo, para no sobreestimular esta faceta de mi hija sencillamente no muestro interés ante sus avances. Me dice “mira mamá he puesto Sara” y yo le digo “muy bien cariño”. Y no entro a corregir esa “S” en espejo o a ayudarle a hacer una “R” que le resulta difícil de escribir.

Sin embargo, mi actuación suele ser bastante diferente a la de la mamá de al lado, que cuando su niña/o viene con el dibujo y su nombre escrito, actúa haciéndole una fiesta, levantándole en volandas y gritando a los cuatro vientos lo bien que escribe su pequeño. ¡Ojo! Y sé que es normal, si yo entiendo esa emoción. Pero que no, que L’Ecuyer dice que eso está mal!!

Y vamos a casa de una amiguita y nos encontramos letras por todas partes: imanes en la nevera, corchos en la bañera y dibujos con nombres y hasta frases ya escritas por la pequeña. Y yo sigo firme en mi convicción de que no. Que eso no está bien. Pero Sara ve otra cosa. Sara está ahora ASOMBRADA por las letras y las palabras. Sara va hacia esa pizarra queriendo poner su nombre eligiendo las letras de imán. Y Sara vuelve a casa diciéndome lo inevitable: “Mamá, enséñame a escribir”.

enséñame a escribir

Hoy le he enseñado a escribir las palabras que más me gusta decirle. Y sí, me va a tocar enseñarle a escribir. Porque un entorno sobreestimulado ha adelantado sus etapas. Y a mí me resulta difícil nadar contra corriente. Ha sido ella quien se ha pronunciado. Es ella quien me lo ha pedido. Al fin y al cabo, eso también lo dice Catherine L’Ecuyer: Llevar el ritmo del niño. ¿Pero quién marca el ritmo de mi hija? ¿Hasta dónde puedo controlarlo?

educar en el asombro. te quiero

Seguiremos avanzando las dos según nos pida el cuerpo, pero sin perder de perspectiva el “asombro”. Porque la teoría me gusta, me ha convencido y la comparto. Pero llevarla a la práctica es complicada en este mundo tan frenético.

También es cierto que yo, con cuarenta y pico años sigo asombrándome cada día y me falta tiempo para poder “aburrirme”.

9 thoughts on “¿Se puede educar en el asombro?

  1. Yolanda López

    No he leído el libro y hablo sólo desde mi experiencia como madre: el ritmo lo marca el niño. Es él, quién bajo su interés y su creatividad te irá pidiendo más y más. Puede ser escribir, leer, pintar, dibujar, hablar, crear … porqué no? Bajo qué criterio debemos frenar a los niños a “crecer intelectualmente”? El niño que quiere aprender debe ser instruído y motivado. No hay más (ni menos).

    1. @ohevalo Post author

      Claro Yolanda!! Y los ritmos del niño vienen necesariamente predeterminados por el entorno en el que viven. Pero hay teorías y discursos que te hacen recapacitar y te remueven por dentro. Todo hay que tenerlo en cuenta. Y es verdad que vivimos en una sociedad frenética. Y si los adultos estamos revolucionados en nuestro día a día, los pequeños también. Es una rueda de causa- efecto. No está mal, simplemente, tenerlo en cuenta y minimizar en la medida de nuestras posibilidad su exposición a la “locura”. El resto lo dictará el niño.

  2. Ariana

    Hola Eva,
    Me leí este libro en la universidad y lo tengo en mi biblioteca de libros de educación si te ha gustado, Elogio a la educación lenta también te puede interesar 😉 La verdad es que estoy totalmente de acuerdo con lo que te ha dicho Yolanda… cada niño es un mundo y ellos muestran que quieren aprender y no les podemos poner trabas, al contrario… les tenemos que dar las herramientas para que ellos investiguen y descubran.

    1. @ohevalo Post author

      Estoy de acuerdo Ariadna!Para mí la lectura de este libro me ha servido para tomar consciencia y recapacitar en mi día a día. Difícil aplicar una teoría así al 100% en el mundo real en el que vivimos. Pero no está mal, que de vez en cuando refresquemos parámetros de sobrestimulación a los que estamos acostumbrados. Solo eso. Gracias por la recomendación!!

  3. Mercedes

    Realmente Eva, yo estoy totalmente con Yolanda. Para poner en practicas lo que dice el libro tal vez habría que irse a vivir al campo con otro tipo de vida y apartados de las normas rígidas que nos impone la sociedad y el mundo en que vivimos.
    Creo que llevar a cabo lo que dice el libro es muy complicado sobre todo porque la estimulación esta por todas partes por lo que es una lucha perdida. Tu no la estimulas más allá de lo que corresponde a su edad pero todo lo que hay a su alrededor si lo hace… muy difícil creo yo. Un abrazo fuerte.

  4. Xènia Roca

    Eva te entiendo y comparto tus inquietudes, pero pienso como Yolanda. Motivar a medida que el niño lo pida que ese es su ritmo, porque al niño que no le interesa saber escribir más que lo que le dicen en el colegio, no te lo pediría en casa, saldría, se olvidaría y te pediría otra cosa.

    Hay un libro que me gustó mucho “El reto de ser padres” de Joseph Knobel Freud y hay un capítulo dedicado a la necesidad de aburrirse de los niños, deben aburrirse para crecer en armonía. Por el apellido habrás intuido que las indicaciones van por el lado psicológico. Es un libro breve y directo.

    Tu sigue tu instinto que nunca falla!

  5. Kathrin Behrens

    No tengo hijos por lo que se me hace un poco más difícil opinar de este tema..
    A veces nos rompemos mucho la cabeza pensando en cómo hacer las cosas de una manera diferente por que alguien nos lo sugiere o por que simplemente estamos acostumbrados a cuestionarnos nuestros pasos.. pero al final del día y tal como dice Xenia, hay que seguir nuestro instinto, si creemos que estamos haciendo lo mejor, entonces es muy probable que así lo sea 🙂
    Yo de pequeña (y de toda la vida) he sido muy inquieta, y siempre (hasta hoy) si paso un día encerrada en casa o haciendo mucho tiempo lo mismo me aburro, y no creo que esté mal, simplemente algunos somos más inquietos que otros y nos aburrimos con mayor facilidad, por lo que hay que buscar formas de hacer cosas diferentes constantemente. Y por lo que recuerdo mi madre nunca se preocupó mucho por eso y decía “bueno, busca algo en que entretenerte”, y así lo hacía y así lo sigo haciendo 😉

  6. Netikerty

    Pues yo no conozco el libro pero la temática me queda un poco lejos ya que no tengo hijos, pero lo que sí creo que a los niños les falta hoy en día es jugar en la calle con otros niños, inventando juegos y usar la imaginación. A mí también me pasa como a ti, sigo asombrandome y me falta tiempo para aburrirme:)

  7. Raquel

    Sin duda es un tema complejo el determinar donde está la medida correcta, yo creo que son lso niños los que marcan su propio ritmo, ya que no todos tienen el mismo ritmo. Yo recuerdo que Carlota tenía muchas gracias de aprender cuando era más pequeña y demandaba contenidos que eran para más mayores. Así que es muy importante seguir tanto su ritmo como el nuestro y encontrar un equilibrio.

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